Djokovic celebra el triunfo contra Dimitrov, este viernes en Miami. © AP/LaPresse (APS).
Leo Messi y Novak Djokovic, un mismo idioma. El de la perdurabilidad, el de lo insaciable, el de los récords. Lo infinito. El 10, que apura sus últimos días como futbolista en Miami y sabe cómo se las gastan los fenómenos, que para algo vino él, asiste junto a su mujer a una clase magistral de Nole. Sí, el mismo Nole que hace poco languidecía y perdía a la primera en Doha o Indian Wells, el veterano de casi 38 primaveras al que ahora sí, se decía, le había llegado la hora porque esto es ley de vida y a todo el mundo le captura el tiempo, sin excepción.
Sin embargo, Djokovic ha vuelto. Se desconoce hasta cuándo aguantará, si esas piernas, ese chasis de goma y ese apetito eterno le permitirán llegar más o menos lejos, pero no conviene enterrarle. Miami constata un resurgir. Parecía haberse perdido, pero aquí está otra vez, vivito y coleando, clasificado para su octava final en Miami -las mismas que disputó Andre Agassi- gracias al 6-2 y 6-3 (en 1h 09m) obtenido ayer ante el búlgaro Grigor Dimitrov.
Mañana jugará la final del Master 1000 de Miami ante el ..
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