De humilde origen obrero, su familia descendía
de indígenas diaguitas. Empezó a cantar profesionalmente temas populares
argentinos cuando aún era una adolescente, pero su primer disco, La voz de la zafra,
no apareció hasta 1962. Esta obra se considera precedente inmediato del
movimiento del Nuevo Cancionero, iniciado en Argentina pero pronto
expandido a todo el ámbito de América Latina, que pretendía rescatar los
valores estéticos de la música folclórica y popular del continente.
A esta nueva orientación correspondieron discos como Yo no canto por cantar (1966), El grito de la tierra (1970), Cantata Sudamericana (1971), Hasta la victoria (1972) y Traigo un pueblo en mi voz
(1973). Un compromiso político que le valió la prohibición de sus
discos durante los años de la dictadura militar argentina (1976-1983).
Entre 1979 y 1982 vivió exiliada en Europa, primero en París y luego en
Madrid.
A partir de la década de 1980 su sonido se
enriqueció con aportaciones del tango, el jazz y el rock. Discos
significativos de ese nuevo período fueron Mercedes Sosa en Argentina (grabación en directo registrada en el Teatro Ópera de Buenos Aires en 1982, tras su regreso al país), Como un pájaro libre (1983), ¿Sería posible el Sur? (1984), De mí (1991), Alta fidelidad (1997) y Misa criolla (1999). Su último trabajo fue Cantora: un viaje íntimo (2009), en el que interpretaba 34 canciones a dúo con otros tantos artistas latinoamericanos.
Mercedes Sosa nunca abandonó la denuncia
política, a la que sumó en sus últimos años la lucha por la conservación
del medio ambiente. Su defensa de la hermandad de los pueblos
latinoamericanos le valió el sobrenombre de "La Voz de América". Entre
los muchos premios recibidos por la artista figuraron el Gardel y el
Grammy Latino. En 2008 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la
UNESCO.
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