Leo, de penal, selló el agónico 2-2 de una Argentina que nunca
dejó de buscar ante Uruguay, que se puso dos veces en ventaja con Cavani y Suárez. Agüero, también clave.
El toquecito de zurda de Messi, casi en simultaneo con el extraño movimiento de Campaña, selló el 2-2 de un clásico rioplatense enérgico y frenético que expuso como pocas veces la esencia de la nueva Selección, ese sentido de pertenencia que la lleva a no rendirse en ningún momento. Y el 10 es la bandera para jugar o intentar hacerlo, por supuesto, pero tambien para luchar y discutir como nunca se lo vio vestido con esa camiseta.

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